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TagsAutism Asperger Syndrome Autism Spectrum Intellectual Disability Memory
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Table of Contents
                            Asperger en el aula: historia de Javier
	Portada
	Legales
	Índice
	Prólogo
	Introducción
	1. Síntesis teórica
		¿Qué es el síndrome de Asperger?
			– Interacción social
			– Comunicación
			– Intereses y actividades
			– Rutinas
			– Cognición y pensamiento
			– Motricidad
			– Sensibilidad sensorial
	2. Trabajo en el aula
		Condicionantes y aspectos a considerar
			– Espacio físico
			– Normas de convivencia
			– Grupo-clase
			– Profesor/educador
		Desarrollo de un curso escolar
			– Características del centro
			– Estado inicial de Javier
			– Características del grupo-clase
				Nivel curricular
				Condicionantes socioafectivos
			– Metodología
				Metodología destinada al grupo-clase
				Estrategias empleadas específicamente con Javier
			– Análisis de los tests sociométricos
			– Evolución de Javier
				Comunicación
				Dualidad fantasía-realidad
				Intereses
				Desarrollo curricular
				Organización
				Autoestima
				Integración e interacción social
				Autocontrol y estado emocional
				Conciencia de sí mismo
			– Evolución del grupo-clase
		Diario de un encuentro
		Un año más tarde
			– Metodología y estrategias
			– Evolución de Javier
				Comunicación
				Dualidad fantasía-realidad
				Intereses
				Desarrollo curricular
				Organización
				Autoestima
				Integración e interacción social
				Autocontrol y estado emocional
				Conciencia de sí mismo
			– Evolución del grupo-clase
	3. Conclusiones
	Glosario
	Agradecimientos
	Bibliografía
	Nota del autor
                        
Document Text Contents
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acompañaba Santi, con quien ha iniciado una cierta relación desde el mes de di-
ciembre.

Le pregunté qué ocurría. Me contó que en el recreo había estado con dos niños de
otra clase de 4º y que con uno de ellos había intercambiado «algo». Se trataba del
complemento de una peonza. Me explicó que se había visto obligado a cambiarlo a
pesar de que no quería hacerlo, que no había sido capaz de decir que no.

Fui con él a la clase del otro niño. Entre Javier y yo le explicamos la situación.
El niño accedió de muy buen grado a restablecer el cambio. Entonces, Javier le
dijo –siento no poder transcribirlo literalmente– que comprendía que tuviera ganas de
tener lo que le estaba devolviendo. Añadió que esperaba poder devolverle el favor
algún día. A continuación tendió su mano izquierda hacia el otro niño en señal de
agradecimiento. Mientras yo le indicaba que tendiese su mano derecha en lugar de la
izquierda, elogié la actitud de ambos.

Dado que en ese momento yo debía estar ya en otra clase, le dije a Javier que por
la tarde hablaríamos del asunto.

Mientras el grupo trabajaba en lo que les había encargado, Javier y yo salimos al
patio para hablar. Esta vez, fue más concreto al repasar lo sucedido. Había jugado
con dos niños a un juego con las peonzas. Una de las características del juego es
que quien pierde debe entregar al ganador su complemento (como ocurre con los
boliches).

Al principio, me dio la impresión de que Javier me estaba dando a entender
que no estaba al corriente de esa característica, aunque cabe la posibilidad de que
en ese punto se produjera un malentendido entre él y yo. Le pregunté si habían
comentado previamente esa particularidad, y me dijo que no. Pero después me
comentó que realmente no hacía falta comentarlo, pues es una regla inherente al
juego.

Aunque no quería perder su complemento, accedió a jugar porque deseaba ganar
el del otro niño, sin haber calculado los riesgos previamente. Finalmente quedó claro
que el «no pude decir no» al ofrecimiento de jugar se refería a la intensidad con que
deseaba poseer un objeto que no le pertenecía.

Concluimos hablando acerca del cálculo de riesgos y elogié una vez más la forma
en que se condujo cuando se restableció el cambio.

Trabajo en el aula

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60 Asperger en el aula. Historia de Javier

Hubo un momento –no recuerdo exactamente cuándo– en que me dijo algo así
como «Menos mal que no sólo soy buen estudiante, sino que además también soy
agradecido».

Jueves, 23 de enero de 2003

En el recreo Javier jugó a la cogida con Santi y con Fernando por propia iniciativa.

Hoy he vuelto a cambiar la ubicación de los alumnos en el aula. Javier continúa en
el grupo de cuatro mesas junto a la mía, pero con nuevos compañeros. Uno de ellos es
Fernando, a quien Javier tiene en alta estima y siempre lo tiene en cuenta en los tests
sociométricos. También está Santi, con quien mantiene una buena relación, y Yaiza,
también elegida por Javier en el último test y que me demuestra, cada día más, estar
en posesión de una capacidad de empatía fuera de lo común.

Durante el trabajo de la mañana, cada niño tuvo que hacer dos ejercicios del área
de Lengua Castellana. Debían hacerlos en una hoja y les advertí que no era necesario
copiar los enunciados. Al cabo de un rato observé que Javier sí los había copiado, y le
hice un comentario al respecto. Al instante, tuve que atender a otro alumno. Cuando
volví a mirar a Javier, lo noté enfadado. Le pregunté si su estado de ánimo se debía a
mi comentario y me contestó: «Respuesta correcta».

Mi reacción ante sus palabras fue totalmente espontánea: alcé los brazos y dije
«¡Bien! ¡He aprobado!» La mirada que me dirigió fue muy elocuente. Con sus ojos
parecía decir «Qué gracioso eres...» , todo un alarde de comunicación no verbal en
clave irónica, con el buen humor ya reflejado en su cara.

Por la tarde volvió a darse, una vez más, una broma de Javier hacia mí. Se acercó
de tal modo que parecía querer que le diera un abrazo. Es más, incluso apoyó su
cabeza en mi pecho. Y como el cazador que espera a que su presa esté confiada y sin
temor a ningún peligro, Javier aprovechó el momento para rayarme la mano con su
bolígrafo (debo aclarar que esta es una de las bromas que suelo gastar a los alumnos,
añadiendo el comentario de que les he corregido la mano...).

Viernes, 24 de enero de 2003

Una vez más, Javier estuvo acompañado en el recreo por niños de su clase –Santi
y Bernardo–.

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