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                            Laplanche-1992 [Lot=009-044] rev copernicana
Laplanche-1987 [Lot=045-064] muro arcada
Laplanche-1989 [Lot=065-084] temporalidad traducción
Laplanche-1989 [Lot=085-102] debate temporalidad traducción
Laplanche-1990 [Lot=103-106] implantación intromisión
Laplanche-1990 [Lot=107-134] tiempo y otro
Laplanche-1991 [Lot=135-166] interpretación determinismo
Laplanche-1991 [Lot=167-188] transferencia provocacion
Laplanche-1991 [Lot=189-206] masoquismo seducción
                        
Document Text Contents
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- · ·· .:• IwraJ,., Posicionar el inconcien-

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·q I•·ntiJ,; copernicanos y ptolomei-

p-:c'lanáli:;.;is describió desde su

· ·Hlo la perspectiva adoptada desde
~- · ,.,,,. textos. L~planche se propone

. ·_¡,.. haciendo trabajar·• a Freud, es
. r 1· '" alcances y límites de la revo-

> .,·,¡cana Pn psicoanálisis. Se trata
· ::r el dobk descentramiento que

-~ :··,¡· la otra cosa que es el incon-
-• .;;nstiene. en su alteridad radi-

: • ,,. ];l otra persona, o sea. por la
· •:' que el 0tro humano hace de su

· .. , hcl:i.d reprimida, por la seducción
- ·~ L: cría que se ofrece a sus cui-

"'"t" no significa que el incon-
- ~l;1]emPnte el otro implantado
. :. (·ntre la intervención prime-

.,: creación de la otra cosa en
. •' .1 un proceso llamado repre-
~·r>kjtl. que implica al menos
. :.· reat túan el uno sobre el

-- •.m? wrdadera dislocación-
. de !n,: elementos (explícitos

~'·a~icos! de lo vivido. Es un
·-. '(·f1tl a la implantación del

·~· · pc:ede ser concebido sin
_ :•\·o. ·Proponemos otorgar
·--.-~apsicología, a procesos

,qtocentrismo: aquellos
---: :-::>~ente el ntro. No el

·" la sc¡.;unda solapa. 1

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la humillación psicológica, debida a Freud en persona (el yo
no es ya «el amo en su propia casa»).

Revolución imperfecta sin embargo, inacabada, puesta
en cuestión por Freud mismo. Porque si en lo sucesivo el
individuo está regido, en la teoría psicoanalítica clásica, por
un inconciente incognoscido y pulsional, no es menos cierto
que este «ello», por ajeno que se lo suponga, no es un «aje-
no». Habita supuestamente en el centro del individuo, a
quien gobierna a su antojo,6 incluso si ha destronado al yo.
Un soberano en el lugar de otro, pero claramente instalado
en la torre de control.

Proyectar, introyectar, identificarse, renegar, forcluir,
etc., todos estos verbos con los cuales funciona la teoría
analítica para describir los procesos psíquicos se caracte-
rizan por tener en común al individuo en cuestión; yo pro-
yecto, yo reniego, yo reprimo, yo forcluyo, etc. 7 ¿Qué ha
sido, como en el caso de Aristarco, escotomizado? Simple-
mente este descubrimiento de que el proceso viene origina-
riamente del otro. Los procesos en los cuales el individuo
manifiesta su actividad son todos secundarios frente al
tiempo originario, que es aquel de una pasividad: la de la
seducción.

El autocentrismo -para crear este vocablo-- ha retor-
nado con vigor (casi desde el comienzo), imponiendo su
hegemonía sobre el conjunto de la metapsicología, de la clí-
nica y de la práctica. Retorno de la vieja filosofía del sujeto
(renovada en la salsa biológica, o, eventualmente fenome-
nológica),8 después de la tímida incursión «aristarquiana»

6 De esta concepción centrada, concéntrica, del ser humano, hay mil
testimonios en Freud. Así, entre otros, esta formulación asombrosa de que
sería el inconciente quien, «desde el interion, enviaría hacia el mundo ex-
terior, «p<>r medio del sistema P-Cc», esa suerte de antenas retráctiles que
caracterizan el funcionamiento perceptivo. Este inconciente no tiene ya
nada que ver con el reprimido, es decir, con aquel que el análisis des-
cubrió. Cf. «Nota sobre la "pizarra mágica"», GW, XIV, págs. 1-8; en AE,
vol. 19, 1979, págs. 239 y sigs.

7 O bien: Anatole proyecta, Anatole reniega, etc. Mi distinción no pasa
entre la primera y la tercera personas (distinción cara a los personalistas
y a Politzer), sino entre el sí mismo y el otro.

8 Tan vanas como la tentativa, antes mencionada, de hacer surgir del
interior un «extraño», una «ajenidad» absoluta, serían las elaboraciones
del último Husserl, y su búsqueda patética de una «síntesis» o de una
«constitución pasiva» del objeto.

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de los años 1895-1897. Allí, Freud parecía a punto de des-
tronar a «Anatole» de su actividad originaria. La sexua-
lidad le venía del otro, era implantada en él por el otro. Un
momento fugitivo ...

Nosotros proponemos otorgar todo su lugar, en meta-
psicología, a procesos irreductibles a un autocentrismo;
aquellos cuyo sujeto es simplemente el otro. No el Otro me-
tafísico, o yo no sé qué «pequeño otro». El otro de la seduc-
ción originaria, en primera instancia el otro adulto. En el
centro de este proceso, el de la implantación. Designo así el
hecho de que los significantes aportados por el adulto se
encuentran fijados, como en superficie, en la dermis psico-
fisiológica de un sujeto en el cual una instancia inconciente
no está aún diferencü,.da. Es sobre estos significantes re-
cibidos pasivamente donde se operan las primeras tenta-
tivas activas de traducción, cuyos restos son lo reprimido
originario (objetos-fuente). Remito aquí a Nuevos funda-
mentos para el psicoanálisis.9

La implantación es un proceso común, cotidiano, normal
o neurótico. Aliado de este, como su variación violenta, hay
que hacer lugar a la intromisión. En tanto que la implan-
tación permite al individuo una recaptura activa, con su
doble faz traductivo-represora, hay que intentar concebir
un proceso que obstaculiza esta recaptura, sortea las dife-
renciaciones de las instancias en vías de formación, y pone
en el interior un elemento rebelde a toda metábola.

No dudo de que un proceso emparentado con la intromi-
sión juega también su rol en la formación del superyó, cuer-
po extraño no metabolizable.

Por opuestos que sean los procesos clásicos «autocentra-
dos», y los introducidos aquí, «alógenos», no se nos escapará
que todos encuentran su modelo en procesos corporales
bien conocidos, que ponen en juego el volumen del cuerpo,
su envoltura y sus orificios. La intromisión está en una re-
lación principal con la analidad y la oralidad. La implan-
tación se refiere sobre todo a la superficie del cuerpo en su
conjunto, a la periferia perceptiva.

9 Buenos Aires: Amorrortu editores, 1989, esquema pág. 136. Lo que he
descrito en el Fort·da podría servir aquí de ejemplo: el significante allí im·
plantado es el ausentamiento del padre o de la madre; retomado acti·
vamente por el niño en la traducción del Fort-da.

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