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A partir de conceptos estrictamente delimitado» |mh ai
—tales como política, clase social, lucha de daña»,
poder, Estado—, y tomando como base de su mflmuóii
el dominio político en el sistema capitalista, Nlcn»
Poulantzas procede al estudio de las diversa-. < uiilantn»
ideológicas y políticas del movimiento obrero y ha i.. un
examen y una crítica rigurosos de las concluslonon <lo la
teoría sociológica y política, de Weber y Micholu n
nuestros días. Para ello, el autor interroga
de nuevo a los clásicos del marxismo y determina Inn
elementos necesarios a una teoría política, a la»
instituciones políticas y al campo de la lucha do cla»u»

Del autor, Siglo XXI ha publicado también Htyomiuun y
dominación en el Estado moderno, Las dasos .•<<» Inlm» nn
el capitalismo actual, Fascismo y dictadura y /
poder y socialismo.

¡veintiuno
XxVXJectitofes

Page 2

PODER POLITICO
Y CLASES SOCIALES
EN EL ESTADO
CAPITALISTA______
NICOS POULANTZAS

/ svVleditores

Page 227

2 2 9

volver sobre este caso, en la medida en que revistió
una importancia capital en el movimiento reformista
moderno.11 Lo que se comprueba es que la revolución
burguesa en Prusia, y aún más generalmente en Ale­
mania, no tuvo lugar, sencillamente: el movimiento de
1848 y la concesión por el monarca de Prusia de una
constitución no marcaron un recodo importante en el
proceso de transformación de las relaciones de produc­
ción, y no cambiaron en nada la superestructura del
Estado y a los detentadores del poder político. La no­
bleza terrateniente sigue detentando el poder político,
y el Estado prusiano, a pesar del Zollverein, ya realizado
en la fecha de aquel movimiento, guardará por mucho
tiempo el predominio de estructuras feudales. Es en
realidad ese Estado, bajo Bismarck, el que emprenderá
la tarea de hacer llegar a la burguesía el dominio po­
lítico, lo que Marx y Engels caracterizaron precisamente
como “revolución desde arriba”. Así, bajo Bismarck,
aquel Estado se transforma en cierto modo desde el in­
terior hacia el Estado capitalista.

Es que la burguesía alemana tardó demasiado en in­
tentar su revolución. Es verdad que su desarrollo eco­
nómico, el proceso de industrialización, se había iniciado
ya de manera decisiva a principios del siglo xix, sin
embargo, se organizó, como en Francia, fuera de la
capitalización de la renta de la tierra, pero, al contrario
que el caso francés, al lado de un predominio político,
nunca discutido, de la nobleza, y en el marco de un
Estado que no tomó el recodo del Estado absolutista.
Esto hizo que la transición adoptase un ritmo particu­
larmente lento durante el estadio inicial y que la bur­
guesía no haya al fin despertado políticamente sino para
encontrarse ante la organización naciente de la clase
obrera: fue un traumatismo del que ya no podría res­
tablecerse. Por uno de esos quid pro quo que caracteri­
zan aquella época, las infiltraciones de la ideología entre
las formaciones nacionales de desarrollo desigual, la

11. Para lo que sigue, entre otros, A. Rosenberg: Sozia-
lismus und Demokratie, 1966.

I I. CASO ALEMÁN

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burguesía alemana, obsesionada por el recuerdo del ja­
cobinismo de la gran revolución y por la Revolución
francesa del 48, no puede decidirse a romper con la
nobleza y deja al Estado el cuidado de establecer su
propio predominio político. Esto se saldó: a] por la per­
manencia de estructuras feudales casi hasta la primera
guerra mundial, y por una permanencia hegemónica
característica de lk nobleza en el poder político, hege* i
monía, sin embargo, contrariada por la autonomía pro­
pia del Estado bismarckiano; b] por un papel particu­
larmente importante del Estado, después de la fase de
acumulación primitiva y en el proceso de industrializa­
ción, papel mucho más importante que en Gran Bretaña
y aun que en Francia, que anticipa, desde este punto
de vista, el Estado del capitalismo de guerra de la pri­
mera guerra mundial, y aun la intervención particular
del Estado nazi en lo económico entre las dos guerras.

Por otra parte, ese proceso de transición se manifiesta
también por un desajuste característico, que se habia
encontrado con otras formas en Gran Bretaña, entre el
sistema jurídico y las instituciones del Estado. El sistema
jurídico contiene ya, en la primera mitad del siglo xix,
las formas de propiedad formal capitalista, a pesar
de las estructuras feudales del Estado, pero de manera
larvado: a saber, al contrario que el Código Napoleóni­
co, bajo la cobertura de una resurrección del derecho ro­
mano, cuya huella seguirá siendo decisiva aun después
de la promulgación del código civil alemán a princi­
pios de este siglo.

¿Qué sucede ahora con el predominio del m.p.c. sobre
los otros en el dominio de la agricultura? Ese predomi­
nio se establece ya por la expropiación de los pequeños
productores, ya por la concentración de la propiedad
territorial en manos de la pequeña nobleza y por la
transformación en masa de los campesinos en obreros
agrícolas. Sin embargo, por una parte, ese proceso es
muy lento y las huellas de la servidumbre subsisten du­
rante mucho tiempo aun en la Prusia oriental; por otra

2 3 0 MODELOS DE REVOLUCIÓN BURGUESA

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4 7 0 BUROCRACIA Y LUCHA DE CLASES
La constitución de la burocracia en fuerza social depen­
de de la coyuntura. Depende, por ejemplo, del papel,
dominante o no, del Estado en el conjunto de las ins­
tancias: lo que se produjo sobre todo en Alemania, y
en grado menor en Francia, cuando la burocracia fue
una fuerza social en el marco general del papel domi­
nante, que con frecuencia incumbió al Estado. Depende
también de la situación concreta de la lucha de clases:
por ejemplo, las situaciones señaladas de un equilibrio
general de las fuerzas enfrentadas, o sobre todo las de
un equilibrio catastrófico, que operan en el marco de un
Estado capitalista, crean circunstancias favorables para
la constitución de la burocracia en fuerza social. Lo
mismo para el caso de desorganización política particu­
lar de las clases dominantes —crisis de representatividad
de los partidos en la escena política— combinados o no
con situaciones de equilibrio, o para los casos de cons­
titución en fuerzas sociales de las clases de la pequeña
producción, del campesinado, más particularmente del
parcelario, y de la pequeña burguesía: es que, en este
último caso, la burocracia se erige en fuerza social fun­
cionando como “representante” político de esas clases; o
también, para los casos de crisis general de legitimidad
en una formación. En suma, se trata de un conjunto
de factores que, en su combinación siempre original
en el interior de una formación, pueden permitir a la
burocracia funcionar, no simplemente como categoría
específica con unidad propia y autonomía relativa, sino
como fuerza social efectiva.

La existencia de la burocracia como fuerza social
puede descifrarse en el marco de una correlación con
formas de Estado capitalista. Es particularmente clara
en esas formas históricas particulares de Estado capita­
lista que son las formas cesaristas, como los imperios
de los dos Bonaparte en Francia. En esos casos, la
burocracia ejerce su función de fuerza social, que recibe
de la coyuntura misma, contribuyendo eficazmente a la
constitución y el sostenimiento de esas formas de Estado.
La burocracia-fuerza social tiene, sin duda, en tales

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BUROCRACIA Y LUCHA DE CLASES 471

casos, un papel propio: se trata del apoyo que aporta,
por medio del burocratismo que caracteriza su legiti­
midad interna, a esas formas particulares de Estado.
Marx, en El 18 Drumario, nos muestra claramente el
apoyo particular, por medio del burocratismo, del apa­
rato de Estado en Francia a Luis Bonaparte. Ese apoyo
está principalmente condicionado por el burocratismo y
no por los simples intereses materiales de los miembros
del aparato de Estado.

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